domingo, 21 de febrero de 2010

Nuestra Fuente Divina de Poder

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Hemos venido a evolucionar.
Lo comprendemos desde adentro, desde el ser, desde quien somos realmente.
Pero desde afuera los torbellinos a veces se acercan mucho y lejos de aceptar, de aprender, de mantener la firmeza, nos dejamos arrastrar, nos situamos en un lugar de debilidad.
Me refiero a debilidad espiritual, a la negación, a no poder ni querer enfrentar cambios, aceptarnos creadores de nuestra propia realidad, hacernos cargo.
Alguna vez debemos tomar las riendas...
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En las Escuelas de Misterios, aquellos antiguos centros de enseñanza a los cuales asistieron los filósofos para aprender cosas no comúnmente divulgadas fue estudiada la entera constitución, tanto del hombre como del universo. Es por esto que en los días del ministerio del Maestro Jesús, éste dijo a sus discípulos: a las multitudes yo les hablo en parábolas, mas a ustedes yo les revelo los Misterios.

Algunas veces se ha dividido al hombre en cuatro elementos; otras veces en cinco, pero generalmente, o se dio énfasis a los tres principios básicos, como lo hizo San Pablo, o se les presentó como siete. El método particular usado es secundario por el hecho de que todas las escrituras narran la mismísima historia de Dios o la Divinidad manifestando periódicamente una parte de sí mismo, una porción de Sus cualidades, para beneficio de toda la creación.

Eso es el porqué nosotros estamos aquí: para dar a nuestra chispa divina individual una oportunidad de ganar más experiencia por medio de lo que podemos llamar las jerarquías que la vida nos depara. Esa chispa divina es el pináculo más elevado de nuestro ser; pero en esta etapa de nuestra evolución tiene muchos compartimientos de varios grados de materialidad.

Puesto que es una ayuda comparar nuestra acostumbrada manera de ver al hombre y su naturaleza, con los métodos empleados por otras escrituras sagradas, vamos a extender el usual concepto triple, al séptuple.

Un ejemplo de esto se encuentra en el Katha-Upanishad, uno de los Trece Upanishads Principales (hay numerosos de menor importancia) que han sido traducidos del sánscrito al inglés por eruditos occidentales. Comprenden discursos sobre las antiguas tradiciones que han sido transmitidas para guía de la humanidad: la palabra upanishad quiere decir "sentarse junto a," es decir, prestar suma atención al narrador.

Aquí se emplea el símbolo de un carro para ilustrar la naturaleza del hombre.

El amo del carro es el Yo Divino; el conductor o cochero es la voluntad espiritual, la intuición; y las riendas representan la voluntad humana, la mente. Los caballos son los deseos y los sentidos; los caminos sobre los cuales los caballos arrastran el carro son los objetos de nuestros deseos sensuales, mientras que el carro mismo representa el cuerpo, el vehículo de nuestra personalidad en la Tierra.

Conoced al Yo (atma) como el amo sentado dentro del carro que es el cuerpo (sarira),
Conoced también a la comprensión (buddhi) como el cochero y a la mente (manas) como las riendas.
Quien es siempre de mente desenfrenada, desprovisto de verdadero entendimiento,
Sus deseos sensuales se tornan ingobernables como los caballos desenfrenados de un cochero.
Pero quien es siempre de mente refrenada, y tiene verdadero entendimiento,
Sus deseos sensuales son gobernables como los mansos caballos de un cochero.
Los deseos son superiores a los sentidos, la mente es superior a los deseos,
La intuición (entendimiento) es superior a la mente, y el gran Yo es superior a la intuición.

Simplemente expuesto, el hombre iluminado, el cochero, refrena a los caballos o deseos sensuales por la inteligente manipulación de las riendas, la mente, poniendo los sentidos bajo la guía de la intuición o ser espiritual, y manteniendo el carro sobre el curso señalado por el amo del mismo, el Yo Divino. Comprendemos inmediatamente que el hombre no está guiado solamente por su mente, sino que puede recibir, si quiere, la dirección y amparo de su Padre interno. En la medida en que nuestra voluntad humana obedece a los impulsos del cochero, será el servidor de las fuerzas espirituales de nuestra naturaleza; lo mismo que el cochero o aspecto intuitivo es el sirviente directo de la voluntad divina, el amo del carro.

Ahora bien, ¿qué significa todo esto? Viendo al hombre dentro de una visión más grande, el factor principal es que esta chispa de divinidad, el amo del carro, está en la raíz de todo esfuerzo evolutivo. Dentro del hombre está la capacidad de elegir; así podemos tener la certeza de que el camino en adelante, ya sea liso o escabroso, será el mismo camino de la experiencia que necesitamos para expresar nuestro poder divino...


Fuente: http://www.theosociety.org/pasadena/exhor-sp/ehs22.htm

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